Entre el Sol y la Acera (fragmento)
Aqui les presento un fragmento de un cuento corto que pienso someter como participacion en un concurso que tiene un periodico local. La historia se titula "Entre el Sol y la Acera". Pues es la primera vez que escribo algo de este estilo pero ahi le voy con mi mejor intento. Desenme suerte y ojala les guste. De hecho la version completa saldra publicada en una edicion de septiembre del periodico, de ser electa ganadora, ene ese caso publicare el resto, de otra forma.... bueno de otra forma esto es todo ..... ahi les va:
"Entre el Sol y la Acera"
Silencio en la calle del Carmen. El reloj de pulsera que lleva puesto Mariana, pero que no ha mirado desde que salió, marca las 11:14am cuando se escuchó el primer ¡Boom! del día, luego de que Mariana tirara la puerta. “¡Se acabó! ¡Por mi madre que ahora sí que se acabó!” – se dijo Mariana a si misma desde su interior a la vez que comenzaba a caminar dejando atrás su apartamento. Izquierda, derecha, izquierda, pisaba rápidamente. Derecha, izquierda, derecha, iba sin perder el paso, casi volando sobre la calle donde vivía. Así salió Mariana de su casa en uno de esos días en los que el calor es insoportable, tanto así que parece como si el Sol se viniera en picada contra la Tierra. El cielo está desierto y sobre Mariana no hay ni si quiera una nube, ni una, y en el vecindario, no hay más que silencio. Es la mañana del 18 de julio del 2002 y en la televisión han pronosticado uno de los días más calurosos del verano. ¡Vaya que tenían razón! Es horroroso, pero ni esto ni nada ha podido lograr que Mariana merme el paso.
Mariana, es una muchacha humilde, de algunos 19 años de edad quien ha despertado hoy ignorando que no hay manera de detener lo que ya ha comenzado. La chica tiene cabellos rizos y castaños como los de su madre y aunque son bastante largos los lleva recogidos hacia atrás con una hebilla. Su figura se nota esbelta y bien formada al caminar y sus pechos erguidos se mueven al ritmo de sus pasos y de su respiración agitada. Sus ojos verdes, van repletos de lágrimas y fijados en la nada mientras que entre sus dientes aprieta su labio inferior. Además, sus pequeñas manos van cerradas haciendo puños y su piel trigueña se nota brillosa por el sudor que la cubre.
Mariana nunca se ha preocupado por vestir a la moda, por lo que no era extraño verla vistiendo una camiseta sin mangas, un mahón azul ajustado al cuerpo y unos tenis algo rotos. En la espalda lleva una mochilla morada que solo por casualidad combinaba con su cinturón y en la mochilla llevaba un prendedor con la siguiente inscripción: “¡Primero muerto antes que sencillo, Chojin!”. Era un prendedor que le había regalado un amigo y que llevaba consigo desde hace algún tiempo. Es que todos los que conocen a Mariana saben que ella es todo excepto ordinaria.
“Tranquila, Mariana, tranquila” – se repetía a si misma desde el exterior mientras secaba una gota de sudor que se le deslizaba por la cien, “¡Cógelo con calma chica, tranquilízate ya! ¡Tienes que sacártelo de la cabeza!” - insistía diciéndose a si misma, intentando terminar con el calor y con las voces, pero los de adentro parecían no escuchar. Fue así que justo en ese instante cayó la primera lágrima al suelo. “¡Maldita sea Mariana, te dije que no llores! Que no te vean llorar, que lo que te pasa no es problema de nadie. Además, claro está, y lo sabes bien, que no vale la pena llorar. O es que a ver, de que te ha servido llorar durante todo este tiempo.” – así se consolaba Mariana desde afuera, mientras se secaba otra lágrima con la mano y contestaba desde adentro: “Exacto no te ha servido de nada. Lo único que has logrado con tanto llanto es la compasión de los demás y ya está bueno de dar pena. Que sepan que tu paciencia también tiene un límite y que no eres de palo. Es hora de que sean ellos los que tengan que llorar”.
Así continuó caminando Mariana durante algunos otros diez minutos, hasta que unas cuadras adelante se detuvo frente a la biblioteca de su comunidad, uno de los pocos sitios que Mariana disfrutaba visitar con frecuencia. “Bueno Mariana a lo que viniste y fuera. Que no te vea nadie porque lo harás todo peor.”- se dijo a si misma mientras que abría su mochila y sacaba un par de libros de su interior. Metamorfosis de Kafka y un poemario de Julio Cortazar eran los títulos. Una vez fuera los textos, se dispuso a entrar al lugar. Pero, sucedió que al mimo instante que abrió la puerta de entrada se escuchó al fondo la voz de la bibliotecaria quien en los últimos meses había desarrollado algo de confianza con Mariana y por esto la llamaba por su nombre. “¡Mariana!”- gritó por segunda vez la bibliotecaria, pero Mariana al escucharla sintió pánico y no hizo sino dejar caer los libros en el suelo de la recepción y salió como alma que lleva el diablo. “¡Mariana!”- se escuchó por última vez, pero ya Mariana estaba lejos y por nada en el mundo se detuvo ni volteó a mirar.


2 Comments:
Me gustó! un 10 para Héctor! y el primer premio!! jeje besotes!
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